BIO-DESPERTAR

Un blog sobre el despertar de la conciencia biológica.

El silencio de los secretos.

Deja un comentario

Si no lo digo, no sucede.

images

Sabemos perfectamente que aquello a lo que no ponemos palabras no se manifiesta en nuestras vidas; y eso forma parte de nuestro código biológico, está impreso en nuestras células, seamos conscientes de ello o no.

Ahí es donde nace la necesidad de los secretos. No es tanto la necesidad de ocultar a los demás lo que pasa o ha pasado en nuestra casa, en nuestra familia o entorno; sino más bien la necesidad de que esos hechos no se manifiesten a través de nuestras palabras y terminen inundando nuestra realidad.

Si no lo veo es que no está ahí, pero si no he podido evitar verlo, porqué ha sucedido un imprevisto como por ejemplo: Una muerte inesperada, una enfermedad grave o difícil de llevar, un trastorno de personalidad que afecta a alguien cercano, un accidente, una ilegalidad, una acción bochornosa… si no he podido esconder eso, me queda la segunda opción: CALLAR para ocultármelo a mi mismo.

Si no lo digo, no sucede.

Y podéis hacer la prueba ahora mismo. Pensad en algún momento, acto, situación propia o familiar en la que hayáis sentido malestar, vergüenza, pena, rabia… y recordadla. Bien, hasta aquí ningún problema, ¿verdad? Quizá una leve incomodidad por el peligro que conlleva la posibilidad de hablar de ello.

Ahora contároslo a vosotros mismos, en voz alta, mirándoos al espejo si podéis y escuchando vuestras propias palabras con la misma profundidad con la que nombráis la cosa.

Algo cambia.

¿Lo notáis?

Ahora no hay más remedio que asumir las palabras, lo nombrado, cosa que no tenias porqué hacer con tus pensamientos. Esa realidad que era fútil al nivel del pensamiento, una vez nombrado, se ha transformado en una realidad densa con la que tienes que trabajar si o si, porqué ha sido manifestada y debe ser aceptada.

 

Es muy fácil identificar una familia que lleva en su transgeneracional una carga de secretos, de “no dichos” o de realidades escondidas o alteradas. Presentan básicamente tres síntomas:

1)      LA NEGACIÓN DE LO NEGATIVO.

Eso se da siempre que sucede algo malo o alguien llega con malas noticias o simplemente con mala cara. Lo niego, no lo veo, no lo comento. Si no hay más remedio (como por ejemplo, la muerte de un ser querido) se recurre a los tópicos, a las frases que encubren, procurando que ni un ápice de emotividad personal invada la situación controlada, “políticamente correcta” y fuertemente vigilada que manejo. Aparecerán frases como:

“Así es la vida”

“Que le vamos a hacer”

“A todos nos toca y ahora le ha tocado a el/ella”

Seguidas de actitudes de huida que pretenden enfocar la atención en cosas más triviales y sobretodo PRÁCTICAS (o así lo llaman ellos). Esta actitud que puede ser aceptada como defensa en un momento de peligro real como un entierro, se arrastra luego hasta los confines de la realidad de la familia que no llega nunca a sacar lo que realmente pensaba y sentía.

Cuando, en otro caso, un familiar aparece después de haber sufrido algún percance (discusión, pérdida, enfermedad…) se tiende, al hablar, a positivar lo ocurrido, a hacer creer que no ha sucedido, o que al menos no ha sido tan grave, o lo más típico de todo, procurar que “eso ya terminó”, es el típico: “Va, ya está” de las madres que consuelan al niño que llora después de una caída al suelo, por ejemplo.

 

2)      LA BÚSQUEDA CASI CONSTANTE DE UN CULPABLE EXTERNO.

Eso es inmediato en caso de situación traumática inevitable como un accidente o enfermedad. Al encontrar un culpable nos sacamos un peso de encima. Y ese peso es exactamente el peso de andar arrastrando durante décadas los “secretos familiares”. Por ejemplo, en la muerte del tío abuelo se da este diálogo:

–          Murió de cáncer de próstata.

–          Pobrecito.

–          Se ve que lo llevaba desde que volvió de la India.

–          ¡Ooh! La verdad es que debemos estar más atentos de a donde y como viajamos.

En cuatro frases hemos convertido de la necesidad de aceptar una pérdida familiar en la necesidad de protegernos de viajar a la India.

También es muy típico “culpar” a la persona que sufre la enfermedad o el problema, una expresión muy típica es la de: “¿Vaya susto que nos has dado con tu accidente eh?”, “¿Qué no vigilabas?”…

 

3)      LA TESTARUDEZ EN LAS FORMAS.

Es una defensa natural para impedir que la opinión (muchas veces acertada) de otro pueda alterar mi sistema de defensa, por lo tanto niego la información que no deseo recibir y sigo negándola para evitar así que un replanteamiento de la situación me debilite y permita en mi que una cascada de verdades ocultas desencadene algo que no quiero. Se puede negar una información, pero eso llega al punto en que si he dado yo mismo una información falsa (por error) seguiré defendiendo mis palabras aun sabiendo de su falsedad. No para defender lo que he dicho, sino para perpetuar el sistema que me defiende del mal de la familia o clan. Por ejemplo:

–          Me gusta más ese abrigo rojo que tienes.

–          No tengo ningún abrigo rojo.

–          Bueno, pero a mí me gusta más el rojo.

 

Podemos seguir callando los secretos y aplicando inconscientemente estas “normas de juego”, pero los secretos se heredarán y seguirán pasando de generación hasta que sean revelados; y se seguirán repitiendo situaciones traumáticas similares hasta que el clan pueda asumir las verdades en las que se ha envuelto.

Si eres de los que creían no ocultar secretos y estabas convencido/a de que perdonabas las cosas, de que eras transparente y leal, pero te ves identificado en estas palabras, deberás hacer algo. No hagas como que las cosas no han ocurrido o ya han pasado y no hace falta hablar de ello. Siempre debe poder hablarse de una cosa mientras un individuo la resienta, pues es la señal de que está viva.

Y culpar al que saca un tema de “querer remover la mierda” es no darse cuenta del maestro que tenemos delante y de eso exactamente se nos advierte en muchos textos sagrados, como por ejemplo, en la Biblia:

“Vendrá de nuevo el salvador y volveréis a crucificarlo”.

Tu cambio de actitud beneficiará a todo el clan.

 

Puedes practicar el escaqueo con ello, pero tus hijos heredarán tu trabajo no hecho. Si les amas de verdad, déjales otra herencia.

 

Joan Marc Vilanova Pujó.

 

Anuncios

Autor: Joan Vilanova

Terapeuta en Biodescodificación. Psicoterapeuta alternativo. Músico, guitarrista, compositor, profesor conferenciante, escritor y numerólogo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s