BIO-DESPERTAR

Un blog sobre el despertar de la conciencia biológica.

Sensibilidad de tercera generación (Ciéncia, Epigenética y Transgeneracional)

Deja un comentario

Las crías de roedor heredan experiencias sensoriales incluso de sus abuelos.

 

Cuando un ratón aprende a reaccionar con miedo ante un determinado aroma, sus hijos e incluso los descendientes de estos últimos muestran más sensible a ese olor concreto, aunque no lo hayan olido antes. En pocas palabras, las experiencias traumáticas pueden transmitirse a lo largo de tres generaciones, al menos en los roedores, según han hallado en fecha reciente científicos de la Universidad Emory.

Pié de foto: Las fibras azules representan la proyección sensorial desde la nariz hasta un glomérulo del bulbo olfatorio, de unos 50 micrones de diámetro. Es uno del millar aproximado de diferentes glomérulos situados en cada bulbo olfatorio. Los investigadores del reciente estudio han descubierto en ratones que al relacionar un olor con un estímulo aversivo se incrementa el número de células específicas en la nariz para ese olor, lo que aumenta los glomérulos de dicho aroma, alteración que se transmite a terceras generaciones. [Kerry Ressler]

 

Miedo que se hereda

Los investigadores adiestraron a ratones para que tuvieran miedo al olor de acetofenona (recuerda al aroma del cerezo en flor) a través de una técnica de condicionamiento del miedo: cada vez que percibían el olor (estímulo condicionado) se les aplicaba una leve descarga eléctrica (estímulo aversivo) en las patas. A continuación dejaron que los roedores se reprodujeran; luego examinaron la reacción de sus crías al mismo olor. También investigaron la descendencia de estas últimas.

Tanto los ejemplares de la segunda como de la tercera generación, es decir, los hijos y nietos de los primeros ratones que se habían adiestrado para que respondieran con miedo al olor, mostraron una hipersensibilidad a la acetofenona. Permanecían más tiempo paralizados por el miedo si en el entorno olía a acetofenona que si percibían otro aroma. Por otra parte, los animales no eran especialmente miedosos ni mostraban un temor generalizado a los olores.

Con el fin de demostrar que se trataba de un efecto epigenético heredado, los autores llevaron a cabo una serie de pruebas. En una de ellas reprodujeron ratones de tercera generación mediante inseminación artificial y dejaron que otras hembras los críaran. Obtuvieron resultados similares. Según los investigadores, ello apunta a que, de alguna manera, la información sobre la experiencia relacionada con el olor se transmitía a través de los espermatozoides, no a través de las interrelaciones sociales. Además, los investigadores observaron ciertas alteraciones en el gen receptor del olor a acetofenona.

Cambios en el cerebro

Los investigadores encontraron el motivo para la sensibilidad elevada en el cerebro de los múridos, más en concreto, en el sistema olfativo: los receptores con los que los ratones captan el susodicho olor se encontraban sobrerepresentados. Al igual que las correspondientes células sensitivas.

«Mientras que la secuencia del gen que codifica el receptor que responde al olor aparece sin cambios, la forma en que el gen está regulado parece afectada», explica Kerry Ressler, uno de los autores. Y añade: «Existen datos de que algunos efectos generalizados de la dieta y de los cambios hormonales, así como de los traumas, pueden transmitirse epigenéticamente. La diferencia en este caso estriba en que el proceso de aprendizaje de la sensibilidad al olor afecta al sistema nervioso y, al parecer, también a las células reproductoras de una manera específica».

No obstante, no queda claro cómo pueden generalizarse los resultados. Entre otros motivos, la percepción del olor a acetofenona se encuentra estrechamente relacionada a un solo receptor, de esta manera, ante aromas complejos u otro tipo de estímulos sensoriales y experiencias, una reestructuración epigenética podría resultar más difícil o quizás imposible. Tampoco está claro si la descendencia de los ratones investigados asociaba desde un principio el aroma de la acetofenona con una amenaza o si solo presentaba una mayor sensibilidad a dicho olor.

Con todo, los autores se proponen como siguiente paso la búsqueda en el esperma de los animales de un mecanismo a través del cual las experiencias se traducen en los genes. «Nuestro próximo objetivo debe consistir en evitar este efecto en las próximas generaciones. Estas intervenciones podrían ayudar al diseño de tratamientos para prevenir el desarrollo de enfermedades neuropsiquiátricas arraigadas en traumas ancestrales», señala Ressler.

Más información en Nature Neuroscience

Fuentes: Gehirn und Geist/ Universidad Emory

 

CONCLUSIÓN (mi visión del artículo)

El artículo ha sido copiado de Investigación y Ciencia y en él encontramos otra demostración científica del transgeneracional.

A pesar de estar bastante de acuerdo con lo expueste en él, me gustaría matizar unos puntos: Se dice en el artículo que reprodujeron ratones de tercera generación mediante inseminación artificial y dejaron que otras hembras los criaran obteniendo resultados similares y que esto obviamente indicava que el efecto explicado se transmite por los genes pero no se transmite a través de las interacciones sociales, o lo que es lo mismo, que las interacciones no físicas, no genéticas, no intervienen en el proceso epigenético. A mi entender esto solo demuestra que SI se transmite a través de los espermatozoides, pero deberian haber hecho el experimento contrario para afirmar que no se transmite por interacción social, es decir: dejar que un ratón procedente de una inseminación artificial sin los mismos orígenes genéticos fuese criado por una rata que SI lo llevara. De otra forma, y por razones de método científico, no pueden negar eso.

También parece sorprender a los autores que los efectos traumáticos transmitidos epigenéticamente afecten no solo a las células responsables sinó también a las reproductoras. Yo, así de forma algo valiente, me atrevería a añadir que afecta a todas las células de su cuerpo.

Como siempre, solemos buscar las soluciones y las razones que justifiquen un determinado modelo de pensamiento olvidando y menospreciando a otros modelos que podrían ayudar a completar nuestras búsquedas, como en este caso, el transgeneracional o la psicogenealogía. Por eso en mi opinión, cuando al final final del artículo Ressler dice: «Nuestro próximo objetivo debe consistir en evitar este efecto en las próximas generaciones. Estas intervenciones podrían ayudar al diseño de tratamientos para prevenir el desarrollo de enfermedades neuropsiquiátricas arraigadas en traumas ancestrales» me deja una extraña sensación que siempre me ha transmitido la ciéncia: la de un paradígma oculto que dice: “Nosotros como humanos NO tenemos la capacidad de controlar nuestros propios efectos, eso lo hace la natrualeza, y nosotros debemos aprender y combatirla”. No creo eso, creo que con la comprensión y la conciéncia del “como”, el “porqué” y el “para qué” funcionamos así, podemos aprender a cambiarlo sin tener que, a priori, manipular nada. Así como nadie intervino en la madre para cambiar el gen (o lo que sea) que registró el miedo o el pànico a ese aroma concreto, creo que se puede lograr el efecto inverso de un modo parecido.

Anuncios

Autor: Joan Vilanova

Terapeuta en Biodescodificación. Psicoterapeuta alternativo. Músico, guitarrista, compositor, profesor conferenciante, escritor y numerólogo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s